La cruda verdad de los lunes
lunes, 23 de noviembre de 2009 11:47 a. m.
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Definitivamente Bella es de las mías, de nosotras, las que nos encanta tener alguien atrás, arrimandonos el bochín. Y es así, la que me diga que no le gusta no le voy a creer para nada, porque es así, nos encanta, nos fascina sentirnos deseadas y en control de alguien. Claro que yo no me rodeo de vampiros excesivamente perfectos ni de licántropos con físicos envidiables, pero en el fondo yo creo que el asunto es el mismo.
Todas queremos un Jacob a quien histeriquearle y correrle la boca y tener de acá para allá, porque hagamos lo que hagamos siempre va a estar ahí, de back up. Y claramente, como no nos alcanza con el repuesto que tenemos a los pies, necesitamos encapricharnos enfermizamente con nuestro prototipo de perfección, el Edward, ese que es taaan perfecto que no nos miraría dos veces porque somos simples mortales al lado suyo. Obviamente en la ficción a la señorita le va más que genial porque se casan, tienen 20 pibes y una casa en el country.
A las simples mortales de carne y hueso no siempre nos va tan bien. A veces es difícil abrir los ojos y razonar sobre lo que realmente nos hace bien y/o nos conviene y/o con quien realmente tenemos chances. Estamos tan cegadas por la ilusión de que él nos miró las pantuflas que nos cuesta corrernos de lugar para observar que hay más allá. Aún sabiendo que no tenemos chances seguimos maquinandonos porque nos miró las pantuflas.
En mi caso particular me parece que estoy dentro de un gran círculo, soy Bella, soy Jacob y soy Edward. Soy la perfección, soy el perrito faldero y soy la que quiere el pan y la torta. Soy todos pero no tengo la suerte de ninguno, definitivamente es el karma, estoy segurísima.

Si, es así, la pelicula taquillera del fin de semana me lleva a reflexionar sobre la vida...Ya vendrán épocas más iluminadas, ya se aclarará el panorama. Cuento con eso.



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